En el marco de la entrega del Doctorado Honoris Causa por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), Roy Mandujano, secretario de Educación, en representación del gobernador del estado Eduardo Ramírez Aguilar, celebró la distinción otorgada a Annie Pardo Cemo, Carlos Artemio Coello Coello y Óscar Oliva Ruiz, en reconocimiento a sus destacadas trayectorias y aportaciones al conocimiento, la ciencia y la cultura.
En presencia de la señora Sofía Espinoza, esposa del gobernador, y de integrantes de la comunidad académica, Mandujano destacó a la Benemérita Unach como una institución que se ha consolidado como un espacio para el desarrollo científico y académico de Chiapas, capaz de comprender y afrontar los desafíos, las riquezas y las paradojas de la entidad.
“Son ustedes, galardonados y galardonada, una inspiración para miles de jóvenes de la educación superior y también un modelo para los cuerpos académicos”, expresó.
El titular de la política educativa señaló que hoy el humanismo debe situarse en el centro de la vida, lo que exige un ejercicio ético y escrupuloso sobre el sentido y la responsabilidad del conocimiento. En ese sentido, subrayó que la ciencia debe estar al servicio del ser humano y que el ser humano debe servir a la vida.
En esta magna ceremonia, el secretario de Educación reconoció a Annie Pardo Cemo por sus contribuciones a la ciencia biomédica, particularmente por sus investigaciones sobre los mecanismos celulares y moleculares de la fibrosis pulmonar.
Asimismo, destacó las aportaciones pioneras de Carlos Artemio Coello Coello a las ciencias de la computación, especialmente en el campo de la optimización evolutiva multiobjetivo.
Para concluir, Mandujano expresó, en nombre de Chiapas, su reconocimiento a la trayectoria poética, literaria y cultural de Óscar Oliva Ruiz, poeta chiapaneco cuya obra ha enriquecido las letras y el pensamiento contemporáneo.
En honor al poeta, el secretario declamó un fragmento de su obra:
“Y escribo.
Escribo con una encía inflamable y punzante que se incrusta en la mesa de madera, desde un cuarto donde el fragor entra de rodillas,
sin saber qué goce.
Escribo, pues, para ganarle a la vida”.